Salamanca, una comuna con poca identidad

Editorial por: Nino Cuevas

Más allá del análisis profesional que pudiera hacerse del actual PLADECO 2017 – 2021 (Plan de Desarrollo Comunal) que estableció la administración de Fernando Gallardo para hacer gobierno local, a todas luces deficiente y falto de rigurosidad profesional, llama la atención que en su matriz FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas), se defina como una “AMENAZA”, el concepto: “Una comuna con poca identidad”. Saltándonos este grosero error sistemático en la elaboración de la matriz, lo que podríamos pensar es que para esta administración, Salamanca es una comuna con poca identidad.

Una comuna con una altísima densidad de arte rupestre, que habla de actividad humana importante en épocas precolombinas; una zona de tránsito en las rutas comerciales que unían el Virreinato del Perú con el Reino de Chile; una comarca importante en la producción de productos agrícolas, con lavaderos de oro considerables, minera desde sus inicios, en el período Colonial.

El mismo sitio donde se establecieron los primeros poblados de indios como tal, Chalinga, luego que en 1791 Ambrosio O´higgins decretara el fin del sistema de “encomienda de indios”, eliminando tempranamente esta forma de esclavitud. Lugar donde se registran los primeros alzamientos aborígenes fuera del territorio mapuche, en el Tambo y la propia Chalinga. Una ciudad que fue trazada y levantada en territorios que siempre pertenecieron al Estado, que los arrendó por más de siglo y medio, propiciando una serie de abusos sobre la población campesina en las haciendas que aquí funcionaron, hasta que los primeros movimientos reivindicativos sociales agrícolas, y sus dirigentes, hicieron sentir el descontento a través de revueltas señeras, históricas, como la de Tranquilla en 1923.

Una ciudad donde se implementa, como plan piloto, la Reforma Agraria en los ´60s. Es decir, una de las mayores y más decisivas reformas en la Historia de la Nación, comienza en Salamanca. Una ciudad que vio cómo se enajenaban vastos territorios cordilleranos, pertenecientes a esos mismos campesinos, que fueron obligados a vender en épocas de la dictadura a punta de metralla, iniciando la mega minería con todas sus letras y abusos posteriores que conocemos hoy; investigación pendiente y necesaria. Una ciudad que supo y vio nacer a Lorenza Payllacán, Elías Lafertte, Juan Bruna, Isaías Cabezón, Luis Lázaro y quizás a otros y otras que ahora se forjan camino a la eternidad.

                Pero para los profesionales que redactaron el PLADECO de Salamanca, es una “amenaza nuestra falta de identidad”.

                A menudo cuando nos preguntamos por qué fracasan los procesos, buscamos las causas en situaciones cotidianas, manejables, como la falta de plata, la displicencia de dirigentes o el poco entusiasmo de las personas. El poder político, la centralización de los recursos, las redes sociales etc. Pero no reconocemos que construimos sobre bases sociales e históricas sólidas, que no son responsabilidad del gobierno anterior, sino el resultado del esfuerzo de todos aquellos y aquellas que alguna vez tuvieron “esa” visión, entremedio de estos cerros que nos circundan, los ríos poderosos que nos recorren y el cielo que se abre sobre nosotros.

Este es el primer paso para construir “Una Nueva Comuna”, pues se hace respetando y venerando aquello grande que fuimos antes, lo que hemos sido siempre. En definitiva, nuestra identidad… que no tenemos, según el actual PLADECO. Esa es la razón de los monumentos emplazados en las áreas urbanas de lo nuevo, donde hayamos la impronta que busca dejar toda autoridad. 

Sin duda que el análisis concienzudo sobre la actual administración, arroja situaciones poco decorosas en todos los ámbitos de su funcionamiento, como la evidente ineptitud o ausencia de ideas para pararse firmes de cara al futuro, pero esta sospechosa disputa de egos entre dos ediles que llevan alternando en el poder desde 1992 (sí, hace 28 años), define, al menos en este último período, el proyecto que vino a oponerse “al Salamanca del siglo XXI”.

Con escaso éxito, hay que decirlo, por lo mismo, pues se basa en esta estrecha visión de lo nuevo, que se redujo finalmente a la salida de unos cuantos funcionarios cuestionados moralmente por la ciudadanía, para terminar en el mismo desolado paraje de las cosas que no tienen alma.